Olvidar dónde hemos dejado las llaves, entrar en una habitación y no recordar qué íbamos a buscar o tener dificultades para encontrar una palabra concreta son situaciones que prácticamente todos hemos experimentado alguna vez.
El cansancio, el estrés, dormir poco o atravesar periodos de mucha actividad pueden afectar temporalmente a nuestra capacidad de concentración y hacer que tengamos pequeños olvidos.
La mayoría de las veces no esconden ningún problema importante. Sin embargo, cuando los fallos de memoria empiezan a repetirse o interfieren con la vida cotidiana, es conveniente prestarles atención.
Memoria y concentración no son exactamente lo mismo
En muchas ocasiones interpretamos como un problema de memoria algo que realmente comienza con una falta de atención.
Para recordar correctamente una información, primero necesitamos prestarle atención. Cuando estamos cansados, preocupados o realizando varias tareas simultáneamente, nuestro cerebro puede no registrar correctamente aquello que estamos haciendo.
Por ejemplo, podemos pensar que hemos olvidado dónde dejamos el teléfono cuando, en realidad, lo colocamos mientras estábamos pendientes de otra cosa y nunca prestamos atención a ese gesto.
Dormir correctamente, reducir el estrés y evitar realizar constantemente varias tareas a la vez puede mejorar estos pequeños despistes.
¿Cuándo debemos prestar más atención?
Lo importante no es un olvido aislado, sino observar si existe un cambio respecto a nuestro funcionamiento habitual.
Conviene consultar cuando los problemas de memoria son cada vez más frecuentes, dificultan actividades que antes realizábamos sin problemas o son percibidos también por familiares y personas cercanas.
Olvidar repetidamente citas importantes, desorientarse en lugares conocidos, tener dificultades para realizar tareas habituales o experimentar cambios significativos en el lenguaje o el comportamiento son situaciones que merecen una valoración profesional.
Esto no significa necesariamente que exista una enfermedad neurológica. Diferentes circunstancias médicas, emocionales o farmacológicas pueden afectar a las funciones cognitivas.
La importancia de una valoración adecuada
Ante problemas persistentes de memoria, el especialista puede estudiar tanto los síntomas como su evolución y las circunstancias en las que aparecen.
La historia clínica, la exploración neurológica y, cuando sea necesario, diferentes pruebas complementarias ayudan a determinar si los cambios forman parte del envejecimiento normal o requieren un estudio más profundo.
Detectar precozmente determinados trastornos permite además realizar un seguimiento adecuado y adoptar medidas destinadas a mantener durante más tiempo la autonomía y calidad de vida.
Cuidar también nuestro cerebro
Mantener una vida activa, realizar ejercicio físico, dormir correctamente, cuidar la alimentación, mantener relaciones sociales y estimular nuestra mente son hábitos que contribuyen al bienestar general y cerebral.
Pero estos hábitos no sustituyen una valoración médica cuando existe un cambio significativo.
En Clínica Médica Goya contamos con atención especializada en neurología para el diagnóstico y seguimiento de problemas de memoria y otras alteraciones del sistema nervioso.
No todos los olvidos deben preocuparnos. Saber reconocer cuándo dejan de ser algo puntual es la clave para consultar en el momento adecuado.

